Evangelio apc Flor sobre candado

Estos días está dando comienzo el Adviento, período en el que se nos propone prepararnos espiritualmente para la llegada de la Navidad. ¿Por qué esa invitación a prepararnos con antelación?, ¿por qué esa llamada a la oración y a la reflexión?

En mi opinión es conveniente dedicar ahora un tiempo a la reflexión, por varias razones de distinta naturaleza:  

En primer lugar, porque  creo que siempre es bueno buscar espacios en los que parar y hacer balance sobre la clase de personas que aspiramos a ser y sobre la clase de personas que somos hoy.  Un balance sincero, desde el que tratar de identificar qué cosas estamos haciendo correctamente y podemos potenciar y qué cosas, por el contrario, estamos haciendo mal y hemos de corregir. Sabiendo que podemos hacerlo sin miedo de enfrentarnos al espejo con todas nuestras miserias porque tenemos el privilegio de tener siempre ahí esperándonos a Dios Padre, dispuesto a perdonarnos y acogernos en sus brazos. Estos días son un momento ideal para hacer ese balance personal, reordenar lo que haga falta en nuestra vida y, si es el caso, recuperar la paz que a veces perdemos por no saber vivir de una manera coherente.

Creo que también conviene tener ese espacio para la reflexión porque quienes vivimos en el mundo occidental vivimos en una sociedad en la que el consumo tiene tanto peso que a las personas se nos valora por las casas, los coches, la ropa o los dispositivos tecnológicos que tenemos. Hasta el punto de que miramos con admiración / envidia a quien, por ejemplo, ya tiene el último modelo de iPhone si es que acaba de salir. Ese espíritu de consumo, que de hecho ya reina en nuestra sociedad durante todo el año, se ha convertido en una parte muy relevante de la Navidad. Tan relevante, tan relevante, que la desvirtúa enormemente. Porque una cosa es celebrar el aniversario de la visita de los tres Reyes Magos a Jesús y otra muy distinta es la locura de compras y regalos en la que hemos convertido unos días tan especiales. Conviene que consumamos con sentido común y con sensatez, sin dejamos arrastrar por lo que otras personas puedan estar haciendo a nuestro alrededor. El Adviento comienza cuatro domingos antes de la Navidad para invitarnos a preparar nuestros corazones … no en el Black Friday para que «echemos la casa por la ventana».

Sin lugar a dudas, lo más relevante y lo que más merece la pena saborear con antelación, en mi opinión, es lo queridísimos que podemos sentirnos por ese Padre que renunció a estar con su Hijo Único por nosotros. Y lo queridísimos que podemos sentirnos por ese Hijo que renunció a estar en el Cielo junto a su Padre para traernos la Verdad; y que para poder traerla accedió a nacer tan pequeño, tan indefenso y tan hombre como cualquiera de nosotros. Nunca podremos dar su justo valor con nuestras limitaciones humanas al acto tan grande de amor que esto supuso. Podemos tan solo vislumbrarlo, intuirlo. Y con eso, por el momento, nos ha de bastar.

Por último, en otro orden de cosas, creo que deberíamos esforzarnos por no olvidar ni por un segundo que lo que celebraremos en Navidad es el aniversario del nacimiento de Jesús. Parece una afirmación de perogrullo pero no lo es, porque esos días, incluso para muchos de los que nos llamamos cristianos, han pasado a ser unos días «de vacaciones» en los que el objetivo es estar con la familia o hacer planes estupendos. Pero es Jesús quien debería ser el centro de esta fiesta en la que a veces – muchas veces – es el gran olvidado.

La imagen es de Limkin en pixabay

2 comentarios

  1. Este Adviento recordemos que aquel niño pequeño y vulnerable huyó a Egipto, como tantos niños hoy tienen que huir de sus lugares de origen por guerras y persecuciones que no son suyas … y nosotros ¿qué papel jugamos? ¿Somos Iglesia misionera y misericordiosa que saluda al sin hogar que pide en la equina de nuestra calle o pasamos de largo porque nos interpela y molesta?
    ¿Hacemos del Black Friday el Good Friday de los más pequeños e indefensos? Es un oportunidad de ejercitar con eficacia el 2×1 para aquellos que piden 1 x ná o simplemente tu cálida sonrisa.

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