Evangelio apc maderas de corazón

Hacia el final de la Última Cena, Jesús se despide de sus más íntimos. En el marco de esa despedida, les detalla cómo ha dejado todo preparado para cuando él ya no esté físicamente con ellos.       

Su comportamiento es parecido, salvando las distancias, al que tenemos los padres aquí en la tierra cuando nos vamos a ausentar de nuestra casa; cuando vamos a hacer un viaje, nos gusta que nuestros hijos queden bien atendidos y ¡anda que no les dejamos instrucciones sobre todos los «por-si-acasos» que puedan darse!. Instrucciones sobre horarios, comidas, llaves de repuesto, a quién pueden recurrir … para irnos tranquilos y sintiendo que dejamos las cosas atadas.

En este caso Jesús muestra a los suyos cómo con su marcha no los dejará solos, sino todo lo contrario; les hará ganar con su partida, asistiéndoles aún mejor:

En primer lugar les muestra – y también a nosotros – que, aunque físicamente les deja, realmente seguirá estando con ellos

«el que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él» (Evangelio Juan 14, 23)

Vuelve a insistir Jesús en que el que le ama es el que guarda su palabra. Quienes la guarden, y pasen por lo tanto por la vida atendiendo a los demás, serán a su vez tan queridísimos por Jesús y por Dios Padre, que Jesús y el Padre»harán morada en ellos» … pudiendo empezar ya en la tierra a a disfrutar de la intimidad del Cielo.

Por si eso fuera poco, les adelanta que cuando él les deje, el Padre les mandará al Espíritu Santo. A nosotros también nos lo mandará

«Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya enseñando todo lo que os he dicho» (Evangelio Juan 14, 25-26)

Pasarán, de tener a Jesús acompañándoles físicamente en el camino de la vida, a tener en el alma, siempre con ellos, el Espíritu. Que les asistirá y les dará luz. En el caso de los apóstoles este hecho les facilitó enormemente la labor de extender el Evangelio por el mundo que les esperaba después.

Por último, termina dejándoles – y dejándonos también a nosotros – su paz

«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo» (Evangelio Juan 14, 27)

¿Qué quiere decir Jesús con esto de que la paz que nos deja no es como la que da el mundo?. Pues que en muchas ocasiones en el mundo sembramos una aparente paz que no es tal cosa, no es la que Jesús quiere; realmente lo que hacemos es quitarnos líos de encima o evitar enfrentamientos, a costa de que sigan ganando los más poderosos, los egoístas sigan abusando y sigan perdiendo los más débiles, los más vulnerables. Es una paz mantenida a costa del amor que nada tiene que ver con la que nos deja Jesús y la que nos propone sembrar a nuestro alrededor. La paz verdadera, esa que se siente en el alma y que Jesús nos deja, viene solo tras la justicia.

 Jesús se despide así de sus más queridos «a lo grande»: asegurándose de que tras su marcha estarán mejor.

Si nosotros escogemos, como ellos hicieron, hacer del amor nuestro estilo de vida, podremos también, como ellos, disfrutar de estos … ¿privilegios?, ¿dones?, ¿regalos?, lo cierto es que son algo tan especial que ni siquiera se cómo llamarlos.

La imagen es de congerdesign en pixabay

4 comentarios

  1. Durante varias semanas Marta y sus comentaristas han analizado con hondura teológica el amor de Dios a los hombres y algunos se habrán preguntado cómo podría manifestarse ese amor tan grande para que los hombres podamos percibirlo de alguna manera. Hoy tenemos la primera respuesta:
    -Dios Padre morará en nosotros si lo amamos.
    -Jesucristo, que nos deja este mensaje, acompañará a su Padre en este morar en nosotros.
    -Dios Padre nos mandará también al Espíritu Santo para que nos asista en cada momento.
    -Cuando Jesucristo vuelve al Padre no nos deja huérfanos de su presencia y, por el amor de Dios, nos regala su paz.

  2. Qué bien acompañada está toda tu familia, aleteando el Espíritu sobre tu casa! Como lo hizo sobre las aguas, en el Génesis. Gracias Marta

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