Una vez que la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Evangelio Lucas 5, 1 – 3

Esta escena tiene lugar al comienzo de la vida pública de Jesús. Cuando empezaba a llamar a sus primeros discípulos.

Esa barca, que pide Jesús a Simón que aparte un poco de tierra creo puede ser una muy buena metáfora de lo que es la Iglesia. Esta querida Iglesia nuestra que conformamos todos lo que queremos seguir a Jesús y hacer vida su Evangelio. Esa Iglesia que está llamada a ser, como aquel hogar de Betania, un lugar de acogida en el que todos tengamos cabida.

Esa barca puede ser una metáfora de la Iglesia porque era, precisamente, la barca de Simón; el apóstol al que Jesús llamaría Pedro para asentar, sobre él, su Iglesia.

La Iglesia nacería algún tiempo después, tras la muerte y resurrección de Jesús. A través de ella, el Maestro quedaría vinculado para siempre a todos nosotros.

Iba a estar formada por hombres de carne y hueso e iba a necesitar de ese pilar, siempre asistido desde el Cielo, que velase por mantener firme el sentido de la doctrina del Maestro, sin permitir desvíos provocados por modas, presiones, conveniencias o intereses de los hombres.

Y fue Simón el primer escogido. Un apóstol tan cargado de defectos como cualquiera de nosotros.

Esa barca puede ser una metáfora de la Iglesia porque pescando en ella era como Simón se ganaba la vida. Y la Iglesia se asienta en lo cotidiano. En lo ordinario de la vida de quienes la componemos. Y en ese trabajo en el que algunos de nosotros pasamos muchas más horas de las que nos gustaría también está Dios; y el otro. Como bien diría nuestra querida Santa Teresa muchos años después, «Entre los pucheros anda el Señor». Aunque a veces nos cueste verlo.

Esa barca puede ser una metáfora de la Iglesia porque Jesús no cuida a su Iglesia desde la lejanía, como el que ve una película mientras se toma unas palomitas. Jesús va dentro de la barca. Forma parte de su Iglesia. Es su cabeza visible y quien la lidera.

Esa barca puede ser una metáfora de la Iglesia porque busca Jesús apartarla un poco de tierra. Y ese es, precisamente, el lugar de la Iglesia: en el mundo, al tanto de sus problemas y sus necesidades, pero claramente diferenciada de él por seguir su propia lógica: la lógica del amor. Una lógica que condiciona su mirada, sus decisiones y su disposición hacia el otro. Una lógica en la que estamos llamados a vivir a cada uno de nosotros, porque es la lógica del Cielo.

Esa barca puede ser una metáfora de la Iglesia porque desde ella el Maestro, sentado, enseñaba a la gente. Y también hoy, como cabeza de la Iglesia, nos sigue enseñando y nos sigue guiando. Basta con que nosotros estemos abiertos a la escucha y a dejarnos hacer.

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