En distintas ocasiones Jesús habla a los suyos del mundo refiriéndose no a la creación sino a la mundanidad: el apego a los placeres, las cosas terrenales o la vida social.

En la Última Cena -ya despidiéndose de sus íntimos- les recordó que había sido Él quien los había elegido. Luego ellos le habían dado su sí, quiero y, con este sí, quiero, y su obrar en consecuencia habían comenzado una andadura que ya no seguía la lógica del mundo sino la lógica del Cielo: ya estaban recorriendo el camino del amor y, de esta manera, habían dejado de ser del mundo.

Ese mismo Jesús, siglos más tarde, también ha salido a nuestro encuentro. También nos ha elegido a nosotros. También nos ha propuesto que le sigamos. Y, en la medida en la que le vayamos dando nuestro sí, quiero y vivamos de manera coherente con esa palabra dada; en la medida en la que vayamos tratando de hacer que sea la lógica del Cielo el faro que nos guíe en las decisiones que vayamos tomando; a nosotros también nos irá sacando del mundo.

Aunque no todos los días avancemos hacia adelante. Aunque tengamos retrocesos. Aunque pasemos períodos fríos, de inseguridades, o de dudas. No importa. Por ahí Arriba conocen bien nuestras limitaciones, conocen bien lo que llevamos en el corazón y conocen bien también bien nuestras intenciones. Y nos quieren a pesar de todas nuestras imperfecciones.

En la medida en la que vayamos avanzando en ese camino del amor iremos sintiendo cómo el mundo va saliendo de nuestro corazón, e iremos dejando atrás el individualismo, el consumismo, el apego a las cosas, la mirada interesada, el egoísmo y los valores que hemos permitido que se instalen en nuestra sociedad y en nuestras vidas, dándolos por buenos aunque no lo sean en absoluto.

Desde el Cielo nos invitan, eso sí, a ser honestos: no podemos andar coqueteando con el mundo y con el Cielo porque sus lógicas son incompatibles. Tenemos que elegir. Y a lo que Dios nos llama es a vivir una vida radical, una vida coherente, una religión que se hace real en lo concreto, en la calle, en el cuidado del otro. No valen las mediocridades ni las medias tintas. Estamos llamados a levantar el vuelo alto y empezar a vivir la vida del Cielo ya durante nuestro paso por este mundo.

Avisó Jesús a los suyos entonces y nos avisa hoy a nosotros de que muchas de las personas que nos rodeen se sentirán incómodas con nosotros, no nos aceptarán e incluso se pondrán en nuestra contra. Pero eso es algo que no debe preocuparnos ni mucho ni poco. Porque no tenemos que quedar bien con todo el mundo. No hace ninguna falta. No lo hizo Jesús y nosotros tampoco tenemos que hacerlo. Es más, si en algún caso nos sabemos personas aceptadas por todos, puede ser señal de que no lo estamos haciendo demasiado bien.

Dispongámonos a vivir una vida de verdad coherente. Podemos hacerlo tranquilos, sintiéndonos seguros y bien acompañados. Nunca estaremos solos.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado». Evangelio Juan 15, 18 – 21

1 comentario

  1. Eres una VALIENTE con tus publicaciones semanales. Vuelas alto, muy alto. Gracias Marta por ayudarnos a ir al Cielo

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