Hace unos días escuché por primera vez una nueva canción de la Oreja de Van Gogh -grupo que me gusta desde hace ya muchos años- llamada Todos estamos bailando la misma canción. Muy en su estilo. Pegadiza y muy agradable de oír. Me gustó especialmente porque en ella reconocen su Fe en Dios. Entienden, sin embargo, su Fe de una forma singular: a su manera.
Esta forma de entender la Fe es muy común nuestra sociedad. Y sobre ella os comparto algunas reflexiones personales:
Creo que eso de vivir la Fe a mi manera tiene sentido cuando con ello nos referimos a las singularidades que nos definen a cada uno.
Cada uno de nosotros vinimos a este mundo con talentos y caracterísiticas diferentes. Y así, unos somos extrovertidos, otros inteligentes, otros líderes, otros tímidos, otros listos, otros sensibles, otros cercanos, otros torpes, otros lanzados, otros seguros y otros indecisos.
Cada uno de nosotros tenemos también nuestra mochila de miserias, vivencias, querencias, heridas o aprendizajes.
Unos y otros son condicionantes que, sin duda, determinan nuestra forma de mirar, nuestra forma de entender la vida, nuestra forma de enfrentar los problemas, nuestra forma de elegir, nuestra forma de aprender o nuestra forma de relacionarnos con otros.
Y como cada uno de nosotros somos únicos lo cierto es que cada uno de nosotros tenemos una relación única con Dios. Y tenemos también nuestra forma particular de aterrizar esa Fe en lo concreto de nuestra vida cotidiana. Por lo que sí, en cierto modo podemos decir que vivimos la Fe a nuestra manera.
Creo que eso de vivir la Fe a mi manera no tiene sentido desde el punto de vista de un cristiano si con ello nos referimos a que tomamos del cristianismo solamente algunas cosas.
Jesús vino a este querido mundo nuestro que está tan estropeado a enseñarnos a vivir desde el amor: desde un profundo amor a Dios y un profundo amor a los hombres, nuestros hermanos. Vino a enseñarnos a vivir la vida ordinaria con un corazon extraordinario.
Una verdad fácil de comunicar. Pero una verdad que, siendo una unidad, tiene muchos ángulos, no todos fáciles de asumir.
Porque lo cierto es que la Fe obliga. La Fe tiene que tener consecuencias en nuestra vida. Y, si no las tiene, no es una Fe real.
Podemos optar por vivir la Fe a nuestra manera arrancando aquellas páginas del Evangelio y aquellas enseñanzas que no nos gusten. Por supuesto que sí. Pero en ese caso nos habremos fabricado una religión a la carta a la que, desdeluego, no podremos llamar cristianismo.
Creo que lo más perfecto es tratar de vivir la Fe, no a nuestra manera, sino a la manera de Dios.
Lo más perfecto, sin duda, dejar que sea Dios que lleve el volante de nuestra vida, pasando nosotros a ocupar el asiento del copiloto.
Si lo hacemos, llegará el día en el que incluso dejaremos de mirar, curiosos, el navegador, dejando que ese Dios que es, sobre todo, Padre, nos sorprenda, llevándonos donde Él quiera, como Él quiera y cuando Él quiera.
Para terminar, os comparto el vídeo de la canción Todos estamos bailando la misma canción, de la Oreja de Van Gogh. Por si os apetece escucharla.
La imagen es de Tim Mossholder en pexels
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