Ahora, ya sí, tenemos la Navidad a la vuelta de la esquina. El próximo domingo encenderemos la cuarta de las velas de la corona de Adviento: la vela del amor. Su luz nos recordará que Dios no se limita a mirar desde lejos. Ese Dios que tanto nos ama quiere entrar en nuestras vidas, quiere implicarse en ellas y quiere acompañarnos en nuestro caminar.
Es tiempo de agradecer el amor divino incondicional
Dios Padre demostró tener un amor incondicional hacia nosotros renunciando incluso a su Hijo. ¿Cómo no sentirnos profundamente agradecidos por tanto?
Jesús, igualmente, renunció al Padre por nosotros. Y accedió a nacer de mujer, pequeño y vulnerable. ¿Cómo no sentirnos desbordados por tanta generosidad?
Gracias a al desinteresado amor del Padre y el Hijo por nosotros, Jesús nació hombre, teniendo así la oportunidad de enseñarnos personalmente su doctrina tanto con sus palabras como con su estilo de vida. Fue Maestro de muchos de los que tuvieron la oportunidad de escucharle personalmente entonces y, siglos después, sigue siendo el faro que guía las vidas de muchos de nosotros.
Gracias al desinteresado amor del Padre y el Hijo por nosotros, los hombres hemos tenido la oportunidad de ser uno con ellos.
Es tiempo de agradecer el amor humano que que acoge sin entenderlo todo
En estos días se hace inevitable mirar a María. Ella no comprendía en realidad lo que estaba por venir. Pero dió su sí, quiero al ángel y fue coherente con aquella decisión durante el resto de su vida.
También José supo dar su sí, quiero al Cielo. Y cuidó para siempre de María y del niño que ya traía en su vientre, al que quiso como propio.
María y José fueron un ejemplo de caridad. Los dos supieron renunciar a sus seguridades y a los planes que a buen seguro tenían; aceptaron el plan que Dios tenía para ellos y tiraron para adelante sin tener en absoluto claro lo que les esperaba.
María y José fueron también un ejemplo de Fe. Una Fe confiada. Una Fe aterrizada en lo concreto. Una Fe que les ayudó a ir guardando en el corazón lo que no entendían, seguros de que todo tendría una razón de ser.
Los dos acogieron con sencillez una propuesta que no hubieran podido ni imaginar en el mejor de sus sueños: fueron los padres de Jesús. Y ayudaron así a Dios a cambiar el curso de la historia de la humanidad.
Es tiempo de dejar nuestro corazón listo y su puerta abierta
Abierta para recibir ese amor divino que transformará nuestra mirada y nuestra forma de estar en el mundo y que nos ayudará a ir amando a las personas que nos rodean con un estilo cada vez más del Cielo. A pesar de nuestras muchas imperfecciones. A pesar de nuestras incertidumbres. A pesar de los muchos problemas con los que nos vemos obligados a convivir.
Dios confía en nosotros, cuenta con nosotros y nos llama a darle nuestro sí, quiero para siempre.
La imagen es de congerdesign en pixabay
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