«¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?»
Evangelio del día 7 de noviembre de 2024 – Lucas 15, 1 – 10
En aquel tiempo, todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos».
Entonces les dijo esta parábola. «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.
O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido’. Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
La imagen es de congerdesign en pixabay
Reflexiones relacionadas
El pastor

Porque todos estamos llamados a vivir ocupándonos de las necesidades de quienes van pasando a nuestro lado en el camino de la vida. También de sus necesidades espirituales, a lo que muchos de nosotros somos reacios, porque nos parece como si fuera meternos en la esfera de lo más privado de las personas. Pero sí debemos meternos. Con delicadeza y esperando al momento oportuno. Pero es bueno que nos sintamos corresponsables también de la vida espiritual de los otros. ¿No es acaso eso preocuparnos de las ovejas perdidas?
La oveja perdida

Para Jesús y para el Padre hasta la último de nosotros es importantísimo. Y tanto es así, que cuando uno de nosotros nos perdemos – empezamos a coger malos hábitos, nos desviamos, etc. – se ocupan de nosotros como si fuésemos hijos únicos. Porque, ciertamente, cada uno de nosotros es único para ellos.
Deja una respuesta