«¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado». Y se salvó la mujer desde aquel momento

Evangelio del día 8 de julio de 2024 – Mateo 9, 18 – 26

En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado». Y se salvó la mujer desde aquel momento.

Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.

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Todos nosotros estamos condicionados por circunstancias sobre las que apenas tenemos capacidad de influencia. El momento histórico y el país en el que nacemos, la familia en la que venimos al mundo o las oportunidades que nuestros padres pueden darnos, son algunas de esas circunstancias que condicionan lo que somos, condicionan nuestra ideología y condicionan la forma en la que vemos el mundo que nos rodea.

Pongamos la Fe en el Padre

Dios Padre nos conoce bien, nos quiere y sabe lo que necesitamos. Pero habitualmente requiere que acudamos a Él con fe y esperanza para intervenir activamente en nuestras vidas. Y mientras mayor sea esa confianza, más estaremos facilitando su intervención. Tanto en los momentos importantes de nuestra vida como en las pequeñas cosas del día a día.

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