«Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes»

Evangelio del día 13 de febrero de 2024 – Marcos 8, 14 – 21

En aquel tiempo, los discípulos se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan. Jesús les hacía esta advertencia: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes». Ellos hablaban entre sí que no tenían panes. Dándose cuenta, les dice: «¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?». «Doce», le dicen. «Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?» Le dicen: «Siete». Y continuó: «¿Aún no entendéis?».

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La importancia del ejemplo

Muchos de nosotros habitualmente no vamos haciendo gala de que somos cristianos en ninguno de los ámbitos en los que nos movemos: en los trabajos, en los vecindarios, en las universidades, entre los amigos… Eso sí, si en algún momento dado sale el tema y el entorno en el que surge la conversación es el adecuado, no tenemos problema en reconocernos públicamente como cristianos. Es más, lo reconocemos con orgullo. De tal manera que esta condición nuestra es algo importante que antes o después termina siendo conocida por todas aquellas personas con las que habitualmente nos relacionamos. 

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