Evangelio apc Familia de patos

Muchos de nosotros habitualmente no vamos haciendo gala de que somos cristianos en ninguno de los ámbitos en los que nos movemos: en los trabajos, en los vecindarios, en las universidades, entre los amigos… Eso sí, si en algún momento dado sale el tema y el entorno en el que surge la conversación es el adecuado, no tenemos problema en reconocernos públicamente como cristianos. Es más, lo reconocemos con orgullo. De tal manera que esta condición nuestra es algo importante que antes o después termina siendo conocida por todas aquellas personas con las que habitualmente nos relacionamos. 

Tratar de llevar una vida coherente con el cristianismo que decimos profesar es importante por nosotros mismos. Pero si nos reconocemos públicamente cristianos entre aquellos que nos rodean es doblemente importante: porque es más que posible que algunos de esos que nos rodean (entre los que sin duda se cuentan nuestros hijos) nos estén observando tratando de aprender de nosotros qué es ser cristiano. ¡Y ay de nosotros si con nuestro comportamiento lo que damos es un antitestimonio! Estaremos siendo como esos escribas y fariseos de los que Jesús decía «haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen«:

Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. 
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabbí. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». (Evangelio Mateo 23, 1 – 12).

Trata este pasaje del Evangelio sobre un comportamiento del hombre tan antiguo como la humanidad: el que conlleva un mal ejemplo para los demás. Y lo trata afeando la conducta que tenían los escribas y fariseos, quienes guiaban espiritualmente a aquellos que buscaban a Dios.

¿Qué es lo que les echa en cara? Pues que se dedicaban a enseñar las escrituras al pueblo invitando a aquellas gentes a seguir lo que en ellas se disponía. Pero ellos, que tan bien las conocían y tanto las enseñaban, no las cumplían: ponían cargas pesadas a los demás que ellos no cargaban primero. En otras ocasiones calificaría su comportamiento con el término «hipócritas«.

Y si Jesús les afeaba su conducta en público era para enseñar a esos que estaban escuchando y que buscaban a Dios de corazón lo que debían hacer: debían seguir lo que enseñaban las escrituras pero no actuar como esos que se las estaban enseñando.

El Maestro trae a esas gentes de buena voluntad, por otro lado, una doctrina que da su verdadero sentido a todo lo anterior y que puede resumirse en algo tan sencillo – y tan hondo a la vez – como el amor a Dios y el amor a los hombres: conociendo su regla de oro, esas gentes tendrían criterio para saber qué estaba bien y qué estaba mal, qué mensajes de los que estaban recibiendo venían de Dios y cuáles, por el contrario, venían de hombres vanidosos que tan solo buscaban prestigio y reconocimiento social.

El tema de este pasaje, sigue estando tan vigente a día de hoy como lo estaba entonces. Porque lo cierto es que la naturaleza humana no ha evolucionado demasiado; y muchas veces nosotros, igual que los escribas y fariseos entonces, mostramos una enorme falta de coherencia entre el cristianismo que decimos profesar y nuestro comportamiento en la vida.

Somos personas de carne y hueso y como tales muchas veces nos equivocamos y hacemos las cosas mal; a veces de manera consciente y en otras ocasiones sin darnos cuenta. Pero eso, en mi opinión, no es un problema. Lo que sí que es un problema importante es que la disposición que habitualmente nos acompañe a lo largo de la vida no sea la del amor. Porque podremos dar un anti testimonio tal a nuestro alrededor que quienes nos observen opten por no querer ser cristianos con tal de no parecerse a nosotros.

Jesús nos invita a quienes conocemos la verdad a ser luz para el mundo. Y la mejor manera, sin duda, de serlo es dar testimonio con nuestro estilo de vida: siendo personas serviciales, bien dispuestas, confiables, que jamás cuentan un secreto de otro, que no critican, que no envidian, que son fieles, que perdonan con facilidad, que se desviven con todos y que habitualmente están alegres.

La imagen es de 6277974 en pixabay

2 comentarios

  1. Qué fuerza la del ejemplo! Una vida al servicio de muchos y arrimando el hombro a sus cargas. Feliz tarea!! Gracias!

  2. El mejor sermón es el de fray Ejemplo…. dice el refrán… 🙂
    Quizás nunca estaremos a la altura de aquello q predicamos ni de AQUEL de quien predicamos, pero no por ello dejaremos de hacerlo, pues es q además, como dice el papa Fco, la iglesia es hospital para pecadores.
    Pero no me quiero poner a la negativa, me quedo con el final de tu artìculo en el q nos invitas a vivir con espìritu de amor y servicio a los demás, con la fe y la esperanza de q por Su Gracia, será una realidad en nuestras vidas!

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