«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes»

Evangelio del día 31 de julio de 2022 – Lucas 12, 13 – 21

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús: «Maestro, dije a mi hermano que reparta conmigo la herencia». Él le dijo: «Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?». Y les dijo: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes». Y les propuso una parábola: «Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”. Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”. Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

La imagen es de StockSnap en pixabay

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La referencia a que los sudarios no tienen bolsillos no es original mía; se la oí en cierta ocasión al papa Francisco. Y me gustó tanto que la he recordado con frecuencia y hoy se la cojo prestada como título para este post; porque ilustra muy bien que cuando terminen nuestros días aquí en la tierra no nos llevaremos con nosotros ni el dinero ni los bienes materiales de los que hayamos podido disfrutar aquí.

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