«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Evangelio del día 15 de enero de 2022 – Marcos 2, 13 – 17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él, y les enseñaba.
Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de publicanos y pecadores se sentaron con Jesús y sus discípulos.Algunos escribas fariseos, al ver que comía con publicanos y pecadores, les dijeron a los discípulos: «¡De modo que come con publicanos y pecadores!» Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

La imagen es de Alicja en pixabay

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Nuestros prejuicios

Cuando conocemos a una persona que nunca antes habíamos visto, con un primer vistazo la encasillamos atendiendo tan solo a su aspecto exterior: su físico, su ropa, su peinado y su gesto. Si no se trata de una persona a con la que nos cruzamos sin más, sino que tenemos la oportunidad de escucharla o de intercambiar unas palabras con ella,  reajustamos nuestra impresión atendiendo a sus palabras, su educación, su talante y su actitud. 

Ese primer juicio lo hacemos en apenas unos minutos. Y lo hacemos con una mirada – la nuestra – llena de prejuicios y sin conocer ni mucho ni poco a la persona a la que de alguna manera estamos juzgando: sin saber cómo es, ni qué cosas son importantes para ella, si tiene un buen o mal día, si lleva prisa o si está triste.

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