Imagen febrero 2020

Si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas

Evangelio Mateo 5, 38 – 48

Dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

La imagen es de Free – Photos en pixabay

Reflexiones relacionadas

Sin buscar nada a cambio

Dice un refrán que utilizamos mucho en España «por el interés de quiero, Andrés». Cultura popular que refleja que el motor de muchas de las relaciones que mantenemos en los distintos ámbitos de nuestra vida no es el amor sino nuestro propio beneficio. 

Cuando nos mostramos serviciales, cuando nos mostramos amables o cuando nos mostramos simpáticos, muchas veces lo que estamos buscando es construir buenas relaciones con personas de las que esperamos obtener su favor después.

En otras ocasiones mostramos nuestra mejor cara para ser vistos por los demás, buscando un reconocimiento social. Jesús, conocedor de esa naturaleza nuestra, vanidosa, ya nos advirtió sobre ello 21 siglos atrás: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos» (Evangelio Mateo 6, 1).

Devolver bien por mal

En nuestra sociedad aceptamos como normal que cuando una persona se porta mal con otra, ésta le devuelva la faena o la ofensa hecha, en el momento en el que tenga ocasión, con otra faena u otra ofensa incluso mayor: es ese «ojo por ojo, diente por diente» que, aunque parezca algo ya trasnochado y fuera de época seguimos – conscientemente o no – practicando a día de hoy.

Comportamiento hacia los demás absolutamente contrario al que Jesús nos invita a tener unos con otros.

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