Evangelio del día junio 2019

Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo

Evangelio Juan 17, 1 – 2. 9. 14 – 26

Así habló Jesús y, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has
enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

La imagen es de Pexels en pixabay

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Una mirada limpia

Quienes se mueven en el mundo buscando fundamentalmente su interés, suelen sentirse incómodos con aquellos que se mueven por amor. Porque, aún sin pretenderlo, hacen visible su mal proceder.

Como incómodos – incomodísimos – hizo sentir Jesús a los fariseos haciendo visible su despreocupación por ese pueblo al que en teoría guiaban y haciendo visible también su interés en  disfrutar de una buena posición social. Y tanto fue así que no pararon hasta verlo clavado en una cruz.

En mi opinión no debemos preocuparnos por esto. Es una realidad que sabemos que está ahí y que ahí va a seguir. Simplemente debemos ser conscientes de que no seremos bien vistos por todos y que siempre tendremos personas que no nos querrán bien. Sin más. Y sin menos

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No es posible para nosotros, con las limitadísimas capacidades que tenemos los hombres, imaginar la infinitud del Padre. Tan sólo podemos atisbarlo, intuirlo, pero nada más, porque es algo que nos excede, que nos supera por completo.

En su defecto, lo que sí que podemos hacer es mirar a Jesús, que es Dios hecho hombre; que es Dios con las capacidades humanas y con las limitaciones humanas. Mirando a Jesús, podemos atisbar al Padre. Porque Padre e hijo están tan unidos que tienen un mismo obrar, un mismo sentir y un mismo querer: Jesús respira la esencia del Padre.

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