Evangelio del día Imagen diciembre 2018

Evangelio Lucas 2, 22 – 35 «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones»

Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

La imagen es de pexels en pixabay

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Seguir a Jesús es seguir su Evangelio. Y para seguir a Jesús entonces, y seguir a Jesús a día de hoy basta llevarnos esa regla de oro “Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella” a todos los órdenes de nuestra vida e ir avanzando en ese camino del amor. De manera que en algún momento lleguemos incluso a ser luz para otras personas.

Sin embargo avanzar en el camino no es tan sencillo; más bien está lleno de dificultades. Porque, más allá de las tentaciones que tendremos, seguir su Evangelio implicará ir contracorriente muchas, muchas, muchas veces

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