Evangelio apc Pez volando

Muchos de nosotros conocemos a Jesús y el mensaje que vino a traernos y tenemos esa disposición en el corazón de querer seguirle, de querer ir siendo cada vez mejores y de querer contribuir en la medida de nuestras posibilidades a dejar un mundo mejor que el que nos encontramos cuando llegamos. Pero las dificultades son muchas, nuestras debilidades también y lo cierto es que nuestros retrocesos terminan dándose con bastante frecuencia.

Jesús, conocedor de la naturaleza humana y conocedor también del mundo, sus valores y sus encantos, nos previno muchos años atrás:  

Habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo en parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, y, después de brotar, se secó por falta de humedad. Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron. Y otra parte cayó en tierra buena, y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno». Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga». (Evangelio Lucas 8, 4 – 8).

Dios se vale de muy distintas vías para darnos a conocer su mensaje. Algunos de nosotros ya desde niños somos educados en la fe y con naturalidad vamos creciendo en el conocimiento de ese mensaje poco a poco. Otros llegamos a conocer el mensaje gracias a personas que se cruzan en nuestro camino; normalmente personas que en un momento dado nos ayudan o personas a las que admiramos por su forma de ser o su forma de comportarse en la vida. Otros llegamos a Él tras una búsqueda activa por nuestra parte tratando de llenar «ese espacio» que tenemos vacío… Las vías pueden ser muchas y Dios se vale en cada caso particular de la que más conviene. Lo importante es que finalmente ese mensaje termina llegando a nosotros.

Por otro lado, lo cierto es que esa llamada nos puede llegar en cualquier momento de nuestra vida: algunos, afortunados, tienen conocimiento de esa palabra ya en la niñez. Otros por el contrario, tienen conocimiento de ese mensaje en la madurez o incluso en la vejez. ¿Por qué unos con toda la vida por delante y otros con la vida casi a término?. Eso son misterios de Dios que no nos corresponde a nosotros conocer. Lo importante es que el premio por decirle que sí, cada uno en el momento en el que sea llamado, será el mismo para todos.

Llegada a nosotros esa invitación a seguir a Jesús, por la vía que sea, y en el momento que corresponda de nuestra vida, nuestras reacciones pueden ser muy diferentes. Jesús nos previene en esa conocidísima parábola del sembrador de dos dificultades que habitualmente suelen darse en personas que, recibida su palabra, estamos decididas a seguirle:

La primera dificultad que menciona Jesús es «cayó en terreno pedregoso, y, después de brotar, se secó por falta de humedad«: Se refiere con ella a quienes seguimos a Jesús mientras las cosas nos resultan más o menos fáciles, pero fallamos en cuanto se presentan las dificultades. Llevar una vida coherente con el mensaje que nos trajo Jesús supone anteponer las necesidades del otro a las nuestras. Y eso sabemos que no es ni cómodo ni fácil; porque dar la cara por el más débil o defender lo que es justo, muchas veces lleva consigo el tener que salir de nuestra zona de confort, sacrificar nuestro descanso, renunciar a nuestros privilegios, poner en peligro nuestra reputación o quedarnos de una y otra manera en mala posición.

Y, aunque casi todos estamos dispuestos a echar una mano, no abundan los que están dispuestos a poner en peligro su posición por hacerlo, sino más bien todo lo contrario: desgraciadamente lo que más abunda en nuestra sociedad son las personas que quieren quedar bien con todos, sin conflictos y sin mojarse demasiado ni por nada ni por nadie. Y eso en el cristianismo – en el verdadero cristianismo – no es posible. Ahí tenemos como ejemplo a Jesús, que por predicar la verdad se hizo tan sumamente incómodo para los religiosos de entonces que no pararon hasta que no lo vieron clavado en una cruz; Él sabía que estaba resultando molesto para personas muy poderosas y que se estaba jugando la vida, pero no renunció por ello a defender su mensaje.

La segunda dificultad que menciona es «otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron«: Se refiere aquí a aquellos que comenzamos siguiendo a Jesús, pero terminamos dejándonos envolver por los afanes, riquezas y placeres de la vida. En el mundo que nos rodea, en el que lo más común es que cada cual vaya a lo suyo, nos encontramos con que lo que persiguen muchas de las personas que nos rodean es pasárselo bien, consumir, acumular bienes o tener poder. Ninguna de esas cosas es mala en sí misma; lo que es bueno o malo es el corazón de quien las posee. Pero sin ser malas lo cierto es que es muy fácil que terminen robándonos el corazón y distrayéndonos de lo que debería ser lo esencial. Y cuando vivimos con el foco puesto en la diversión o en cuidar de nuestro dinero, dejamos de tener ese foco puesto en el servicio a los demás. Porque, ciertamente, «nadie puede servir a dos señores» (Evangelio Mateo 6, 24).

La imagen es de Dmitry Saltykov en flickr

1 comentario

  1. Hola Buenas tardes
    Quisiera recibir el Evangelio,del día de mañana;3 de Septiembre,y la Reflexión
    Mil gracias
    Bendecido Domingo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.