«Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños»
Evangelio del día 5 de julio de 2026 – Evangelio Mateo 11, 25 – 30
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
»Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».
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¿A quiénes regala Dios su luz?

Para entender esa doctrina suya no hace falta ni ser muy inteligente, ni ser un erudito ni tener estudios de teología. Ni siquiera hace falta ser adulto. Para entenderla – entenderla con profundidad – hace falta una luz que es Dios quien la regala. Y la regala a quien quiere y cuando quiere.
Cansancio

La mayoría de nosotros convivimos casi diariamente con el cansancio. Ese cansancio físico con el que nos vamos a la cama tras pasar todo el día ocupadísimos con un sinfín de tareas, encajadas casi como si fueran un puzzle, que hacen que el día se nos pase volando. Afortunadamente, cada día contamos también con un tiempo para dormir que hace que, casi como por arte de magia, nos levantemos a la mañana siguiente repuestos, como nuevos, con energía y listos para volver a levantar la persiana y enfrentar un nuevo día con energía y con alegría. Sabiendo que durante ese tiempo tenemos una nueva oportunidad de vivir intensamente, dando lo mejor de nosotros mismos en cada cosa que hagamos, por pequeña o cotidiana que sea.
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