«Alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén»

Evangelio del día 30 de diciembre de 2025 – Evangelio Lucas 2, 36 – 40

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.

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Cuando María dio su sí al ángel Gabriel aceptando ser madre de Dios, no podía ni sospechar lo que le esperaba después. Ella era casi una niña que había tenido hasta entonces una vida sencilla, rural, de pueblo, de familia. Vivía una vida aparentemente corriente, aunque, de hecho, no era así, porque ella era una persona que vivía la vida ordinaria con una extraordinaria fe y una extraordinaria caridad.

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