«Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento»

Evangelio del día 25 de diciembre de 2024 – Evangelio Lucas 2, 1 – 4

Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Quirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.

Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El Ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y de pronto se juntó con el Ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace».

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Quienes esperamos pasar esos días junto a las personas que más queremos, ya estamos adelantando que viviremos un tiempo bonito. De la misma manera que ya adelantamos que viviremos unos días difíciles de gestionar, quienes sabemos que sentiremos con fuerza las ausencias de personas queridas que están ya en la Casa del Padre.

Pero lo cierto es que la Navidad puede y debe ser un tiempo preciosísimo para todos, sean cuales sean las circunstancias que rodeen nuestra vida, porque lo único que es de verdad importante es que celebramos el cumpleaños de Jesús.

Y conviene no perder el foco, por mucho que los regalos, las luces, los días de fiesta o las comidas lujosas nos arrastren a vivir estos días a ras de suelo.

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