«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?»

Evangelio del día 18 de diciembre de 2022 – Lucas 1, 39 – 45

En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a un a ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

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Sin pensárselo dos veces

¿Qué hace María tras su «sí, quiero» al ángel? ¿se dedica a pensar cómo enfrentar la situación o cómo explicarla?, ¿se dedica a cuidar de ella misma y de su embarazo?, ¿se dedica a autocomplacerse por haber sido la mujer escogida para tan importantísima misión?, ¡qué va!.. Tan pronto conoce por el ángel Gabriel que Isabel, ya mayor, está en estado, no se lo piensa dos veces y se pone, de prisa, en camino hacia Judá para atenderla en los últimos meses de su embarazo: En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. (Evangelio Lucas 1, 39 – 40). Y se queda con ella hasta el nacimiento de su hijo Juan.

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