«Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores»

Evangelio del día 21 de septiembre de 2022 – Mateo 9, 9 – 13

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

La imagen es de pexels en pixabay

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Misericordia quiero y no sacrificios

Quienes tenemos Fe y somos de naturaleza agradecida, muchas veces sentimos como un «tirón» hacia Dios, ganas de darle las gracias por tanto como nos conforta, por tanto como nos cuida y por tanto como nos da. Y sentimos también ese deseo como de «corresponderle», en la medida que esté en nuestra mano.

1 comentario

  1. Jesús era el «médico» y los pecadores sus «enfermos». Pero, ¿de qué les curaba? No son ciegos, sordomudos, paralíticos, o con cualquier malformidad o dolencia que pudiera ser considerada un mal físico. ‘Pecador’ significa literalmente «el que yerra». ¿En qué yerra? En su forma de pensar y, por ende, de actuar. El pensamiento es poderoso e influye en todas las áreas de la vida de una persona. Desde antaño los «médicos» del pensamiento son los líderes religiosos y los filósofos, y más actualmente los psicólogos, que con sus doctrinas nos dicen cómo hay que pensar. Dime en qué crees y te daré un remedio, porque las creencias son el germen de los pesares. Hasta el ateísmo y el agnosticismo son un sistema de creencias. Sin embargo, el amor no se piensa ni se cree. Esa es la misericordia. Amar a Dios y amar al prójimo. Esta era la receta del Médico para todos los pecadores. ¿Algo te aflige? Ama. ¿Algo te duele? Ama. ¿Algo te preocupa, te crispa, te asquea? Ama. ¿Te arrepientes de algo? Ama. No hagas penitencia, no te sacrifiques; eso tan solo te hundirá en el pensamiento erróneo. Renuévate, quítate las ropas viejas y vístete con las nuevas, bebe de odres nuevos, porque si sigues bebiendo de odres viejos, el vino se amargará con los pensamientos y creencias del ayer.

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