«¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»

Evangelio del día 28 de febrero de 2022 – Marcos 10, 17 – 27

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.» Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.» Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.» A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!» Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»

La imagen es de pexels en pixabay

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La riqueza

Comentábamos hace unas semanas hablando de la parábola de los talentos cómo a los hombres nos dota Dios con distintas capacidades, dones y circunstancias. Y cómo Jesús nos invita a que esos talentos – cada uno los que tenga y que en unos casos serán cinco, en otros dos y otros uno – los pongamos al servicio de los demás.

La riqueza es una de esas circunstancias. Una circunstancia que en sí misma no es ni buena ni mala: lo que es bueno o malo es el corazón de quien la posee.

Un rico de buen corazón, gracias a su riqueza, puede pasar por la vida remediando muchos problemas y estrecheces.

Siendo esto así, ¿por qué entonces Jesús previene tantas veces sobre la riqueza en el Evangelio?   

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