El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.

Evangelio Lucas 11, 14 – 23

Estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

La imagen es de congerdesign en pixabay

Reflexiones relacionadas

Enfrentar el mal

El mal existe y hay quienes se sienten cómodos con él, lo promueven y lo impulsan. Y es importante que lo sepamos, aunque, por supuesto, sin dejarnos agobiar, ni asustar, ni achantar, ni amedrentar. Dándole, simplemente, su justo peso. Ni más. Ni menos. Sabedores de que Jesús venció al mal en cada ocasión en que lo enfrentó. Y sabedores, también, de que nunca seremos tentados más allá de lo que podamos soportar: “Dios es fiel, y él no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas” (1 Corintios, 10, 13)

Tendiendo puentes

Hay un refrán español que dice que “el que no arriesga no gana”. Y, en mi opinión, encierra una gran verdad. Porque si buscamos la seguridad por encima de todo, si nos quedamos en nuestra zona de confort, si ponemos nuestros intereses por delante del bien común, si por miedo a las diferencias ni siquiera escuchamos la visión ni las posturas de otros y si por evitar el sufrimiento no arriesgamos el corazón, podremos vivir una vida más o menos tranquila, pero será una vida mediocre.   

Jesús supo ser valiente, no tuvo miedo a romper con las reglas sociales, puso nuestros intereses por delante de los suyos y supo tener una actitud de escucha y de acogida incluso con aquellos a que habían quedado al margen de la sociedad

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