«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»

Evangelio Marcos 2, 18 – 22

Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?». Jesús les contesta: «¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar. Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán en aquel día. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».

La imagen es de cogerdesign en pixabay

Reflexiones relacionadas

La cuaresma

Para acercarnos al estilo de vida que nos trajo Jesús basta con que tratemos de vivir más hacia los demás: estar más atentos a lo que puedan necesitar y atenderles más y mejor. Ese es el ayuno que más le gusta a Dios

No hay más ciego que el que no quiere ver

Muchos de nosotros tenemos claro que queremos ser cristianos. Pero, aunque estamos convencidos de ello, lo cierto es que no termina de haber demasiada coherencia entre lo que decimos que queremos ser y nuestros actos: porque del Evangelio nos quedamos tan sólo con las páginas que nos interesa. Y con el resto, esas que pueden traducirse en dificultades para nosotros, hacemos como si no estuvieran ahí: no las queremos ver y obramos en consecuencia. 

Esa actitud no es nueva. Se da en las personas desde que el mundo es mundo y ya Jesús advertía acerca de ella

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.