Evangelio apc Corazón

Estos días,  en los que estamos recordando la pasión de Jesús, son especiales. Porque recordar lo que aceptó sufrir por cada uno de nosotros nos hace tomar conciencia de lo queridísimos que somos.

La pasión es un broche de oro a una vida entera dedicada a los demás que a mí personalmente me despierta un sentimiento de profunda gratitud. Y también de profunda alegría, por saber que tiene un final tan feliz.   

«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará. Ahora mi alma está agitada y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre». (Evangelio Juan 12, 23 – 28).

Jesús sabe de la muerte que le espera porque se lo ha adelantado el Padre. A su vez, él adelanta la noticia a sus más íntimos, explicándoles que esa muerte es necesaria para el posterior florecimiento del cristianismo.

Lo hace de una manera muy didáctica, explicándoles que, igual que la semilla de trigo tiene caer en tierra fértil, deshacerse y morir para que después le vaya brotando primero la hierba, luego la espiga y finalmente el grano, así mismo él también ha de morir: porque cuando esto ocurra el cristianismo se expandirá por el mundo entero.

Y aprovecha este momento de intimidad con los suyos para invitarles a que se aborrezcan a sí mismos.

¿Qué significan esas palabras?, ¿a qué invitó con ellas a los suyos entonces y a qué nos está invitando también hoy a nosotros?

Con esas palabras Jesús nos invita a que antepongamos las necesidades y los intereses de los otros a nuestras propias necesidades e intereses. Tanto, tanto, que lleguemos a olvidarnos de nosotros mismos. En otra ocasión a esto mismo lo llamó negarnos a nosotros mismos.

Lo que nos propone Jesús no es tan solo que demos respuesta a necesidades que tienen quienes nos rodean de las que podemos tener conocimiento en un momento dado. Lo que nos propone es más bien que tengamos una disposición al servicio permanente, un estilo de vida, una actitud que nos acompañe siempre, estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos. Porque cuando la disposición al servicio forma parte de nuestro ADN, ese atender a los demás «sale solo»; y  tanto es así, que vamos dando por la vida sin siquiera darnos cuenta.

Habitualmente ese aborrecernos a nosotros mismos, ese anteponer las necesidades del otro a las nuestras, se traducirá es en muchas pequeñas acciones, poco lucidas, a lo largo de la vida cotidiana.

Pero habrá ocasiones en las que la cosa no será fácil, porque nos la tendremos que jugar por lo que es justo y por el más débil, incluso cuando nosotros podamos salir mal parados. Estas ocasiones serán críticas y, aunque nos sintamos agobiadísimos, tendremos que mantenernos firmes caiga quien caiga … incluso cuando los que caigamos seamos nosotros. Tocará darlo todo.

Más agobio – mucho más – que nosotros pasó Jesús, que lo que deseaba en esta ocasión era pedirle al Padre que le librase de la pasión y la muerte que le esperaban. Pero se mantuvo firme defendiendo la verdad hasta el final, llegando incluso a dar la propia vida por hacerlo.

Su recompensa fue enorme, como grande será también la nuestra si nos mantenemos fieles a su mensaje.

La imagen es de Fabrice Keck en Flickr

1 comentario

  1. Inspiradoras palabras.
    El amor encaja con el diseño de nuestro corazón: Por Dios y para Dios fuimos creados. Por el Amor y para el Amor vivimos.

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