Evangelio apc Dos direcciones

Quienes vivimos en grandes ciudades tenemos muchas veces la sensación de llevar una vida demasiado sobrecargada de planes, tareas y obligaciones, en la que casi no nos queda tiempo para nada.

Algunos de esos planes, tareas y obligaciones – ligados normalmente a nuestra vida profesional o familiar – nos vienen impuestos y no tenemos más remedio que asumirlos. Pero lo cierto es que hay otros muchos sobre los que sí que tenemos capacidad de elección: son oportunidades que podemos tomar o que, por el contrario, podemos dejar pasar.

Y, en mi opinión, es importante que tengamos un criterio claro con el que elegir. 

Hay un pasaje en el Evangelio, quizás no demasiado fácil de interpretar, en el que sale este tema:

Yendo ellos de camino, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada» (Evangelio Lucas 10, 38 – 42)

Jesús se alojaba habitualmente en casa de Lázaro, Marta y María cuando pasaba por Betania, a las afueras e Jerusalén. En esta ocasión, según llega Jesús, Marta se pone a preparar la casa y la mesa para atender a su invitado.

Normalmente el comportamiento de Marta hubiera sido el más acertado. Como también normalmente hubiera sido lo más acertado por parte de María el repartirse las tareas con su hermana; para, una vez terminadas, sentarse ya las dos juntas a escuchar al Maestro, compartiendo con él charla, mesa y mantel.

Pero en esta visita no es eso lo que Jesús busca. Jesús en esta ocasión quiere aprovechar su tiempo allí – posiblemente poco, aunque no lo detalla el Evangelio – tan solo para transmitirles su mensaje. María – más sensible y con más luz – se da cuenta y Marta no.

Luego esta vez Marta se equivoca. Porque se preocupa y ocupa de cosas que, siendo buenas, en realidad la están distrayendo de lo único que en ese momento es realmente importante. Jesús se lo hace ver.

Y esto es algo que a muchos de nosotros nos pasa con frecuencia: nos «dejamos liar» con un sinfín de planes, obligaciones y tareas que, sin ser malas, lo cierto es que acaban robándonos el tiempo y la energía. Y para cuando acaba el día estamos tan agotados que ya no tenemos ni disposición ni ganas de nada. Y en ocasiones, cuando queremos darnos cuenta, nos encontramos con que llevamos meses sin dedicar tiempo ni a Dios ni a los demás.

Creo que es importante que no perdamos nunca de vista cuál es nuestra meta, qué es lo realmente importante para nosotros en la vida y que hagamos balance de vez en cuando. Para que cuando se nos vayan presentando oportunidades, tengamos claro cuáles debemos coger – porque nos hacen avanzar hacia nuestra meta – y cuáles, por el contrario, debemos dejar pasar. Porque lo que está claro es que nuestro día tiene solo 24 horas y que con todo no podemos. En las cosas pequeñas, las del día a día, las más de andar por casa, también es importante no dejarnos enredar demasiado y saber decir que no siempre que sea necesario.

Por otro lado, tener una vida centrada en lo esencial, y no sobrecargada con ese sinfín de planes, obligaciones y tareas, facilita también el que podamos dedicar a cada acción el tiempo y el cariño que necesita: ayuda, y mucho, a que podamos poner lo mejor de nosotros mismos en cada cosa que hagamos.

La imagen es de geralt en pixabay

6 comentarios

  1. Marta, activa y orante, que aúnas en ti a las dos hermanas. Gracias por tu luz y por tu ejemplo, que también evangelizas con tu vida. Gramorix

  2. Querida Marta!!!
    Estoy totalmente de acuerdo con tu reflexión de este precioso pasaje del Evangelio. Centrar nuestra vida en lo realmente importante y priorizar y buscar siempre agradar al ABBA, como hace Jesús y como nos enseña estar pendientes de la voluntad del Padre, sirviendo, escuchando … SIEMPRE AMANDO

  3. Supongo que en tiempos de Jesús, como ahora, la vida de oración, la vida contemplativa, tendría algunos detractores por su escasa utilidad desde el punto de vista material. En este pasaje del Evangelio Jesús sale en defensa de esta vida de oración, de esta vida contemplativa, dejando claro que su valor es igual o mayor que el de una vida de prestación activa a los demás.

  4. Quien elige amar a Dios, recibirá el regalo de transformar su corazón en caridad.
    Quien elige servir al prójimo (sin amar Dios primero) caerá en la soberbia.
    Todo es Gracia, Señor.
    Sin Tí nada podemos.

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