Evangelio apc papel arrugado con corazón

Son muchas las ocasiones en las que Jesús a lo largo de su vida pública habla del Reino, de predicar su Reino y de implantar su Reino aquí en la tierra.

Sin embargo no se si ese concepto resulta demasiado claro para la mayoría de nosotros. ¿A qué se refiere Jesús exactamente con él?     

Muchos de los judíos que tuvieron la oportunidad de conocer personalmente a Jesús, de saber de él, de escucharle y de verle actuar no reconocieron en él al Mesías que estaban esperando. Y esto ocurrió así, en muchos casos, porque esperaban un Mesías y un reinado muy al estilo del mundo; con su componente espiritual, claro está, pero con un fuerte componente político y de poder también. Y nada más lejos de la realidad:

Jesús no nació en Roma, centro del mundo en aquel entonces, ni nació en el seno de una familia adinerada ni influyente. Nació en Belén, en el seno de una familia humilde, emigró a Egipto con sus padres nada más nacer, y ya de vuelta a casa vivió en Nazaret, rincón desconocido por el mundo. Y allí vivió una vida sencilla, rural y de familia. En esta etapa de su vida, por supuesto nunca fue reconocido como Mesías.

Durante los 3 años que duró su vida pública, a pesar del conocimiento que demostró tener de las escrituras, a pesar de enseñar con autoridad y a pesar de ser relativamente visible el apoyo que tenía de Dios Padre, tampoco le reconocieron como Mesías, salvo en algunos momentos puntuales en los que creció mucho su fama gracias a algunos de sus milagros.

Esperaban un Reino al estilo del mundo. Y eso nada tiene que ver con el Reino que predicó Jesús.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, el mensaje que Jesús predicó con sus palabras y su estilo de vida, puede resumirse en dos ideas fundamentales:

Que tenemos un Padre en el Cielo que nos quiere y que se preocupa y ocupa de nuestras cosas, con el que podemos relacionarnos y al que debemos de mirar con fe y esperanza.

Que los hombres son nuestros hermanos y debemos de cuidar de ellos de la misma manera que nos gustaría que ellos cuidasen de nosotros.

Cuando Jesús predica su Reino, como no podía ser de otra manera, predica lo mismo. El Reino no es un fenómeno que llegará majestuosa y aparatosamente, sino un fenómeno que ocurre en el interior de las personas, que poco a poco las va transformando y, a medida que van creciendo en esa capacidad de amar a todos y de esperar en el Padre, las va haciendo cada vez más Suyas. Estas personas conforman el Reino de Dios o Reino de los Cielos:

Los fariseos le preguntaron: «¿cuándo va a llegar el Reino de Dios?». Él les contestó: «El Reino de Dios no viene aparatosamente, ni dirán: «Está aquí» o «Está allí», porque, mirad, el reino de Dios  está dentro de vosotros«. (Evangelio Lucas 17, 20-21)

Y ese «Venga a nosotros tu Reino«, que tantas veces rezamos en el Padre Nuestro, no es otra cosa que un deseo que transmitimos al Padre de que nos ayude a ir cambiando nuestros corazones para que vaya creciendo en ellos ese reinado del amor que Jesús nos propone.

Tan poco encajaba esta idea de Reino en tiempos de Jesús, en los que se esperaba un reinado con un fuerte componente político y de poder, como ahora, donde el motor del mundo es el dinero y la idea de que el amor sea el eje de nuestras vidas suena incluso naif para muchas personas.

Pero la idea suena así, ingenua, en mi opinión, solo a quienes ni se han parado a pensar la hondura y las consecuencias que hay tras esa propuesta tan tremendamente sencilla y tan infinita.

La imagen es de congerdesign en pixabay

7 comentarios

  1. Venga a nosotros tu Reino, qué frase más esperanzadora! Aquí estamos, Inundados.
    Gracias y un abrazo lleno de ternura

  2. El Reino de Dios: un sueño realizable, a nuestro alcance y que llena una vida. Gramirix, Marta, una vez más y de todo corazón.

  3. Entiendo que el Reino consiste en vivir el amor del Padre en una intensa vida interior, y exteriotizarlo después hacia fuera en una vida de entrega a los demás.

  4. «Dios es Padre y nosotros hermanos»…. sí, en efecto, es un resumen de lo que es el Reino. Pero yo añadiría algo más. Pero no se trata un añadido cualitativo ni cualitativo, sino un añadido que da consistencia, coherencia y nos posibilita vivir el reino de paternidad y fraternidad del que hablas.
    No un añadido, sino algo que lo impregna todo, como la sal, pues hace posible, precisamente! que podamos vivir el Reino q refieres.
    Me estoy refiriendo a que Jesucristo se encarnó, murió y resucitó para salvarnos. Me estoy refiriendo al misterio de la Redención, que por ser poco comprendido… también es poco tenido en cuenta… 🙁
    Vivir el Reino es pues, reconocer que Dios es Padre y nosotros hermanos, sí, pero, todo impregnado de la Gracia de Jesucristo.
    Si omitimos el misterio de la Redención, empobrecemos el evangelio reduciéndolo a simple ideología de amor a Dios y al prójimo.
    A fin de cuentas… todo es Gracia.

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