«Nunca un Patek Philippe es del todo suyo. Suyo es el placer de custodiarlo hasta la siguiente generación»
Hoy abro este post con el eslogan de una campaña publicitaria de una elegantísima marca de relojes. Una campaña que transmite la idea de que sus relojes son de tan alta calidad y tan valiosos, que pasan de generación en generación.
Me encontré con ella casualmente hace unos días y me llevó, derechita, al Evangelio.
Sentí al verla lo mismo que siento a menudo cuando visito alguna catedral, disfruto de un paisaje grandioso de montaña o veo un árbol centenario. Siempre pienso que ya estaban ahí mucho antes de que yo naciera y ahí seguirán cuando yo ya no esté aquí. De alguna manera, me hacen tomar conciencia de que en este querido mundo nuestro estamos tan solo de paso.
Y, lejos de pesarme, siempre me lleva a elevar la mirada, a sentir la grandeza del Cielo y a recolocar de manera natural unas prioridades que, en ocasiones, con la vorágine del día a día, se descolocan.
Creo que es muy bueno aprender a mirar las cosas no como propiedades sino como algo que tenemos simplemente en uso, de manera temporal, casi de prestado.
Esa forma de mirar nos lleva a utilizarlas y a disfrutarlas de una manera distinta. Sin darlas por seguras. Apreciándolas como el tesoro que son. Desde el agradecimiento.
Esa forma de mirar también nos lleva a querer cuidarlas, pensando en los que vendrán detrás. Desde la responsabilidad.
Algo parecido ocurre con los talentos que todos tenemos. Son cualidades que nos fueron regaladas desde el Cielo cuando nacimos. Cualidades que nos fueron regaladas, sobre todo, para cuidar de las personas que van pasando a nuestro lado en el camino de la vida. De alguna manera, también son dones que tenemos en uso, de manera temporal, con un fin que va mucho más allá de nosotros mismos.
Utilizar la inteligencia para orientar, la sensibilidad para escuchar, la simpatía para aligerar cargas, la elocuencia para explicar, la luz para mostrar la Verdad, la disponibilidad de tiempo para acompañar o las riquezas para remediar apuros es la forma en la que podemos poner esos talentos nuestros al servicio del Reino. Desde lo concreto. Desde lo sencillo. Desde lo pequeño. Desde el día a día.
Que la mies es mucha y los obreros son pocos (Evangelio Mateo 9, 37).
Para avanzar en el camino del amor que todos estamos llamados a recorrer es bueno ir ligeros de equipaje. Sin demasiadas ataduras a las cosas materiales, a los reconocimentos, a los cargos, o al dinero. Muy libres. Y abiertos a los planes que por ahí Arriba van teniendo para nosotros.
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