La sociedad en la que vivimos nos empuja a recorrer la vida mirando continuamente el reloj. Nuestro tiempo es limitado, siempre tenemos muchas cosas que hacer y no nos queda más remedio que organizar muy bien la agenda para llegar a todo.
Y hasta aquí, bien.
El problema aparece cuando intentamos meter en esa agenda más cosas de las que realmente deberíamos. Reservamos tiempos demasiado ajustados y terminamos viviendo acelerados, porque basta un pequeño retraso o cualquier contratiempo para que todo lo que viene detrás se desmorone.
Conviene que a cada acción le reservemos el tiempo que requiere. Conviene que a cada acción le prestemos la atención que merece. Y conviene, sobre todo, que nuestras acciones las hagamos con amor, porque es el amor que ponemos en ellas lo que las hace valiosas.
«Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría» 1 carta Corintios 13, 3
Es posible hacer dos cosas bien a la vez cuando una de ellas es tan automática, como respirar. Pero no es posible hacer bien dos cosas al mismo tiempo si las dos requieren atención.
Y ¿quién no se descubre a sí mismo intentando hacerlo constantemente? ¿Acaso no atendemos reuniones de trabajo mientras respondemos correos electrónicos? ¿Acaso no escuchamos al otro mientras miramos de reojo los mensajes de WhatsApp? ¿Acaso no nos sentamos a cenar con la familia o con amigos con el móvil encima de la mesa por si acaso?
Aún hay otra forma, más sutil, de no estar presentes del todo: hacer una cosa mientras ya estamos pensando en la siguiente. Nuestro cuerpo permanece donde está, pero la cabeza ya ha pasado a la siguiente tarea. Y así, lo cierto es que realmente no estamos ni en la una ni en la otra.
Y cuando no regalamos al otro nuestra atención completa, aunque no sea nuestra intención, el mensaje que le estamos mandando es que hay otras cosas más importantes que él.
Un buen ejercicio que podríamos hacer muchos de nososotros es preguntarnos si todo lo que llena nuestras agendas es realmente necesario. Porque es muy posible que haya compromisos, actividades o tareas de las que podamos prescindir. Si no llegamos a todo, quizá el problema no sea el tiempo, sino nuestras prioridades.
Más vale hacer menos cosas, pero hacer bien las importantes, que intentar abarcarlo todo y vivir siempre con la sensación de llegar tarde y hacer las cosas peor de lo que podríamos o peor de lo que deberíamos.
Amar no siempre consiste en hacer grandes cosas. Y muchas veces puede concretarse en algo tan sencillo como prestar toda nuestra atención a quien tenemos delante.
Prestar atención es vivir el aquí y el ahora. Es decirle al otro, con los hechos, que es importante para nosotros. Es dejar de pasar por la vida a medias para empezar a vivirla de verdad, poniendo el corazón entero en aquello que tenemos delante.
La imagen es de Olichel en pixabay
Menudo reto el que planteas en medio de esta, nuestra sociedad, que se gobierna bajo los dictados de la “economía de la atención”.
Te leo y vienen a mi cabeza dos ideas. La primera, lo irónica que resulta la relación proporcional inversa entre la cantidad (creciente) de herramientas con que contamos para ordenar nuestro tiempo y la disponibilidad (decreciente) de éste. ¿Es que hemos entrado en la viciosa espiral que querer llegar a todo con el frustrante resultado de no llegar a casi nada?
La segunda idea es una referencia a un artículo que –creo– leí hace tiempo en The Economist que se titulaba algo así como “In praise of laziness” en el que el periodista defendía que lentitud y eficacia suelen ir de la mano. Si puedes, búscalo. Y si no, dímelo.
¡Encantado de leerte!
Muchas gracias Marta por tu sabia reflexión de hoy.
Hacemos cosas y cosas sin parar y sin darnos cuenta de que no es la cantidad, sino la calidad y el cariño que ponemos en lo que hacemos, es lo que realmente vale.
Un abrazo.
Que maravilla de reflexión!!! Mil gracias.
Cuánta LUZ hay siempre en tus comentarios!
Tirar de freno de mano era más fácil de jovencito que ahora …. Ya nos han quitado hasta la palanca ….