«El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre ÉlEl Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él»

Evangelio del día 30 de diciembre de 2024 – Lucas 2, 36 – 40

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.

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Jesús vivió durante sus 30 primeros años –el 90% de su vida, nada menos– una vida sencilla y de familia, de aparente normalidad, muy asimilable a la vida que llevamos muchos de nosotros.

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