«Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios»
Evangelio del día 13 de febrero de 2022 – Lucas 6,17. 20 – 26
En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacian vuestros padres con los falsos profetas.»
La imagen es de pexels en pixabay
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La pobreza

La pobreza material es algo que ninguno deseamos ni para nosotros mismos ni para quienes queremos, porque lleva consigo muchas penalidades y sufrimientos. Desgraciadamente es una realidad que está ahí y son muchas las personas que la padecen, en unos casos durante alguna etapa de la vida y en otros casos durante la vida entera.
Podríamos reflexionar sobre cómo habitualmente somos los hombres los causantes de las injusticias y cómo intereses particulares e intereses macroeconómicos hacen que haya incluso países enteros condenados a vivir en la pobreza y a continuar en ella en los años venideros. Pero en esta ocasión quería reflexionar acerca de la relación entre la pobreza material y la espiritualidad a nivel individual.
Porque, afortunadamente, no todo lo que rodea la pobreza material es malo.
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