Evangelio del día septiembre 2019

Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado, a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado

Evangelio Lucas 7, 1 – 10

Cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado, a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.» Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió a unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: «ve», y va; al otro: «ven», y viene; y a mi criado: «haz esto», y lo hace.» Al oír esto, Jesús se admiró de él, y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.» Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

La imagen es de pexels en pixabay

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¡Que no falte la Fe!

Vivir con fe es un privilegio porque resulta un pilar insustituible para andar por la vida: nos da estabilidad, nos da seguridad, nos da confianza, nos quita los miedos, nos vuelve valientes – ¿cómo no volvernos valientes si de verdad nos sentimos respaldados por el mismísimo Dios Padre? – nos hace sentirnos queridos a pesar de nuestras muchas imperfecciones, nos hace sentirnos cuidados, atendidos, mimados … también incluso cuando las cosas no nos salen como nos gustaría.

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