Evangelio del día Imagen marzo 2018

Evangelio Juan 5, 31 – 47 «¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?»

Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».

La imagen es de congerdesign en pixabay

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Evangelio apc Regalo¿Con quién queremos quedar bien?

Todas las costumbres, normas o leyes que creamos los hombres son precisamente eso: costumbres, normas o leyes inventadas por hombres. Éstas, en algunos casos están alineadas con el mensaje que nos trajo Jesús y en otros casos no lo están. En ocasiones – las menos – que lo estén o no dependerá de nosotros, de la disposición de nuestro corazón, de nuestra actitud.

Cuando están alineadas, decidir es fácil. Pero ¿qué pasa cuando no lo están?. En estos casos tenemos que “retratarnos” y escoger con quién queremos quedar bien: ¿queremos quedar bien a los ojos de los hombres o queremos quedar bien a los ojos de Dios?

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