Evangelio apc Manos mayor y joven

A quienes no estamos demasiado avanzados en el camino del amor, más allá de nuestras familias y nuestros amigos más íntimos, nos resulta fácil querer a quienes se portan bien con nosotros, o a aquellas personas hacia las que sentimos afinidad. Fuera de esos límites nos cuesta ser generosos. E incluso dentro de esos límites también nos cuesta serlo, siendo un defecto tremendamente común entre nosotros el querer cambiar a los demás, para que se vayan amoldando o adaptando a lo que a nosotros nos gustaría que fueran. Nos cuesta aceptarlos como son y quererlos sin más.   

No fue ese el caso de Jesús:

Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen a una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?». Le preguntaban eso para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó sólo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús, dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más». (Evangelio Juan 8, 2 – 11).

Este es un caso claro en el que se ve cómo Jesús nos quiere como somos, con nuestras virtudes, nuestros defectos y nuestros pecados. O, mejor dicho, con nuestras virtudes y a pesar de nuestros defectos y de nuestros pecados. Y nos quiere, igual que el Padre, no porque seamos estupendos, porque nos lo hayamos ganado o porque nos lo merezcamos, sino porque su corazón es generoso. Como en el caso de este pasaje demuestra querer a la mujer sorprendida en adulterio, a pesar de su pecado. Y porque la quiere, se la juega y da la cara por ella.

¿Por qué en este caso se la juega Jesús?. Porque no puede de ninguna manera ponerse en contra de la ley de Moisés, pero debe sin embargo defender a la adúltera, pues es lo que manda la caridad, estilo de vida que vino a enseñarnos. Los escribas y los fariseos lo ponen entre la espada y la pared y Jesús responde con una propuesta absolutamente magistral: «El que esté sin pecado, que tire la primera piedra». ¡Olé!. ¡Cualquiera tiraba esa primera piedra!. En otro pasaje del Evangelio dice Jesús estas palabras «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas» (Evangelio Mateo 10, 16). Esto es, precisamente, lo que él hizo en este caso: con un corazón de oro, valentía  y sagacidad defendió a quien estaba en la posición más débil y la liberó de una muerte segura. Yo, personalmente, muchas veces me acuerdo de estas palabras de Jesús; muy consciente de que desde el Cielo no quieren cristianos ni atontados ni blandos, sino valientes que sepan jugársela por lo que crean que es justo y por los demás, aún cuando puedan salir mal parados. Sin buenismos ni tibiezas de ninguna clase.

Y, si Jesús y el Padre nos quieren a cada uno de nosotros tal y como somos, ¿por qué nosotros no somos capaces de hacer lo mismo?, ¿por qué somos tan aficionados a querer cambiar a quienes nos rodean y tratamos de que se vayan amoldando a lo que a nosotros nos gustaría que fueran?. Deberíamos, más bien, empezar cambiando nosotros – que por otro lado es lo que está en nuestra mano – para ir poniendo cada vez un poco más de corazón en esas pequeñas grandes cosas de nuestro día a día, generando con ello un poco más de felicidad a nuestro alrededor.

La imagen es de dinax en cathopic

2 comentarios

  1. Hoy, en el ambiente en el que vivimos, es muy corriente escuchar a la gente decir que respeta a los demás. «Yo no comparto tu opinión, pero la respeto», se oye decir a menudo. Creo que lo que Jesús nos pide es esto mismo pero añadiéndole un poquito de amor.

  2. El Señor la perdonó pero no sin antes advertirle: no peques más.
    Es verdad que Dios nos ama como somos (cuesta trabajillo creerse ésto, uff…. pero es verdad)
    Pero también es verdad q nos sueña diferentes, nos sueña santos, nos sueña perfectos como nuestro Padre Dios es perfecto.
    He aquí uno de los misterios de nuestra fe: «Dios nos ama como somos pero nos sueña diferentes».

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