Acabamos de vivir el viaje del Papa León XIV a España. Un viaje con una apretadísima agenda, en el que hemos tenido el privilegio de escuchar los muchos mensajes que ha querido transmitirnos, tanto desde los altares que se han montado en nuestras plazas como desde las instituciones que ha querido visitar.

Ha sido también un privilegio verlo transitar por algunas de las calles que muchos de nosotros recorremos cada día. Como si desde el Cielo hubieran salido, literalmente, a nuestro encuentro.

Los españoles hemos dado una acogida al Santo Padre muy nuestra: nos hemos echado a la calle. Por cada rincón, por cada calle que ha pasado, había cientos de personas esperando, simplemente, para verlo pasar. El Papa nos ha dedicado saludos y sonrisas. Y, los más afortunados, han podido ver cómo incluso bendecía a sus bebés.

Hemos visto por nuestras plazas y nuestras calles de siempre grupos de religiosas con hábitos de todos los colores, grupos de jóvenes de parroquias y centenares de peregrinos con sus mochilas y sus esterillas al hombro.

Hemos formado parte de eventos multitudinarios, con miles y miles de personas, perfectamente organizados, con un ambiente extraordinario, en los que hemos compartido música, oraciones, Fe, lágrimas de emoción y emocionantes silencios multitudinarios.

Y, en medio de todo eso, mensajes contundentes, inequívocos, del Papa, invitándonos a poner a Dios y a las personas en el centro de nuestras vidas. Recordándonos la opción preferencial que debemos tener por los más vulnerables. Invitándonos a vivir una Fe valiente. Invitándonos a dar testimonio. Invitándonos a crear una sociedad en la que todos tengamos cabida. Invitándonos a cuidar de los valores y el mundo que estamos dejando a las generaciones que vienen detrás. Invitándonos a escoger el diálogo frente a la polarización que se ha instalado entre nosotros.

Ha sido muy especial ver a tantas personas de todas las edades y perfiles distintos unidas por una Fe y un espíritu compartidos. También lo ha sido comprobar que esta juventud a la que tantas veces hemos acusado de estar dormida está, por fin, en camino. Y ha sido especial sentir, con tanta intensidad, que cada uno de nosotros formamos parte de algo mucho más grande, que nos trasciende y que da sentido a todo: esta Iglesia que conformamos todos los que queremos seguir a Jesús y hacer vida su Evangelio.

Ahora nos toca a nosotros mantener encendida esa llama que se nos ha regalado. Ahora nos toca a nosotros cumplir con la misión que se nos ha encomendado haciendola vida desde lo concreto, desde lo pequeño, desde lo cotidiano. Ahora nos toca a nosotros abrir, de verdad, el corazón, dejando que sea Dios mismo el que mire a través de nuestros ojos.

Hagamos vida el precioso lema elegido para este viaje: alza la mirada.

1 comentario

  1. Han sido unos días inolvidables que han dejado mucho poso. Ahora, nos toca a nosotros hacer realidad lo escuchado, vivido y compartido, y estoy segura de que veremos muchos frutos de esta visita… el Papa León es una persona muy carismática que nos ha enamorado a muchos, sin olvidar a Francisco. Qué Dios lo bendiga y lo acompañe en su misión y también a nosotros en la nuestra.

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