«Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino»

Evangelio del día 28 de mayo de 2026 – Evangelio Marcos 10, 46 – 52

En aquel tiempo, cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».

Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle». Llaman al ciego, diciéndole: «¡Ánimo, levántate! Te llama». Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!». Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.

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Nosotros hoy, muchas veces también vivimos sentados al borde del camino. Distraídos con una y mil cosas que, sin ser necesariamente malas, nos despistan de lo esencial. Esclavizados por las miserias que llevamos en el corazón. Acomodados en una vida en la que tratamos de evitar los riesgos. Pero Jesús también está saliendo a nuestro encuentro. Y también quiere regalarnos una nueva mirada con la que ver el mundo, sus retos y a las personas que nos rodean: una mirada que nos haga ver con la lógica del Cielo y nos lleve a obrar en consecuencia.

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