Hoy es el día de Navidad. Un día preciosísimo del calendario en el que celebramos que Dios se hace pequeño para encontrarse con cada uno de nosotros. Una Buena Noticia que sigue siendo Esperanza para todos.

No escogió el Padre para el nacimiento de Jesús en la tierra un imperio poderoso, una ciudad importante, ni una familia con un apellido influyente. Tampoco escogió el Padre que Jesús naciera rodeado de honores ni de seguridades.

Jesús nació en una ciudad pequeña, de unos padres sencillos, en una situación precaria, de pobreza, de paso, de prestado, al calor de los animales de un establo.

Tras la sencillez de María y José había, sin embargo, una grandeza extraordinaria. Ambos eran personas de enorme Fe y enorme caridad: ambos vivían según el estilo de vida que Jesús empezaría a predicar 30 años después.

Tras la precariedad de la situación se escondía una grandeza excepcional: Dios mismo estaba naciendo hombre. Tan pequeño, tan frágil y tan vulnerable como nacemos todos.

La lógica del Cielo desde siempre ha sido distinta de la lógica del mundo. Y hoy, siglos después, seguimos sintiéndola realmente rompedora. Porque, pese a que el mundo y la tecnología han evolucionado muchísimo, lo cierto es que el corazón del hombre no ha cambiado demasiado. Y a los hombres de hoy nos siguen lastrando las mismas miserias que lastraban a los que tuvieron el privilegio de conocer personalmente a Jesús.

Hoy nos quieren envolver la Navidad en el papel de regalo de la felicidad. Una aparente felicidad forzada a golpe de luces, regalos, comidas lujosas y buenos rollos.

Esa aparente felicidad muchas veces nada tiene que ver con lo que muchos de nosotros llevamos en un corazón en el que pueden pesar demasiado las ausencias, los fracasos, las heridas, la pobreza, los años o la enfermedad. Y, como nuestro sentir verdadero puede estar poco alineado con esa felicidad en papel de regalo que nos quieren vender, nos sentimos un poco como fuera de juego.

Pero no debemos olvidar que la Navidad nada tiene que ver con luces, compras, comidas lujosas ni aparentes buenos rollos.

La Navidad es Buena Noticia para todos. Para aquellos a los que la vida les sonríe y también para los que podrían estar mejor.

Y, si algo demostró Jesús cuando fueron pasando los años, fue su debilidad por los que sufrían, por los que estaban a los márgenes, por los más vulnerables. Esos son los que a día de hoy siguen siendo los favoritos del Cielo.

Es tiempo de nacer también nosotros de nuevo. Es tiempo de volver a la sencillez, a lo esencial. Es tiempo de acoger, de verdad, a Jesús en nuestra vida.

Es tiempo de Esperanza. Tiempo de Esperanza para todos.

¡Feliz Navidad!

Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Quirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.

Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El Ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y de pronto se juntó con el Ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace».

Evangelio Lucas 2, 1 – 14

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