En la vida de todos nosotros -también en la de quienes podrían parecer más felices- abundan las dificultades, los problemas y las preocupaciones. Y no son pocas las etapas en las que el agobio o la desazón se nos instalan en el corazón sin pedir permiso y nos cuesta mirar desde la esperanza o, simplemente, seguir adelante con serenidad.
Alternándose con esas etapas difíciles todos tenemos también muchas etapas buenas y momentos bonitos. Días luminosos, noticias que nos alegran, encuentros que nos reconcilian con la vida, pequeñas victorias cotidianas que nos sostienen más de lo que a veces creemos. Y, en mi opinión, es una muy buena cosa darles su justo valor. Y celebrarlos.
No me refiero, claro está, a celebrarlos con fiestas, con lujos ni con fuegos artificiales, que para nada son necesarios. Me refiero a algo mucho más sencillo y, a la vez, más hondo: celebrar es hacer visibles las cosas buenas, compartirlas, dar gracias por ellas y quedarnos con ese regusto inconfundible que el agradecimiento deja en el corazón; celebrar es una forma de reconocer el don recibido.
Porque sabemos -o, al menos, intuimos- que en las cosas buenas siempre está detrás la mano del Cielo. Nada verdaderamente bueno es solo fruto del azar o del mérito propio. Cuando celebramos, de alguna manera estamos dando las gracias a Dios.
Cuando no celebramos, por otro lado, es como si no le diéramos valor a las cosas buenas. Es como si pasaran de largo, casi desapercidebidas.
Vivimos deprisa. Con agendas llenas, responsabilidades encadenadas, retos que se suceden sin apenas tregua. Y así, incluso las cosas buenas corren el riesgo de olvidarse enseguida, porque inmediatamente tenemos que estar en la siguiente tarea, el siguiente compromiso, la siguiente preocupación. Celebrar nos ayuda a detenernos. A tomar conciencia. A reconocer el valor de lo bueno antes de que se diluya.
Por eso creo que es especialmente importante celebrar lo pequeño. O, mejor dicho, lo aparentemente pequeño. Porque la vida de la mayoría de nosotros no se juega en el tablero de los grandes acontecimientos, sino en el día a día, en lo sencillo, en lo cotidiano. Ahí es donde realmente vivimos. Y ahí Dios se hace presente.
Hoy quiero compartir una cosa bonita con vosotros: el décimo aniversario de este blog. El día 25 de enero de 2016 -día de la conversión de San Pablo- nació El Evangelio de andar por casa. Nació sin un plan de contenidos, sin una hoja de ruta clara, sin saber muy bien hasta dónde llegaría. Nació, sencillamente, con el deseo de compartir la Fe desde lo cotidiano, desde lo sencillo, desde lo vivido.
Diez años después, miro atrás y no puedo sino dar gracias a Dios. Por haber sostenido este pequeño proyecto, por haberlo acompañado en cada etapa. Y quiero daros también las gracias a quienes lo leéis, lo compartís y lo hacéis vuestro. Porque sois vosotros quienes le dais sentido y quienes lo transformáis en un espacio de encuentro en la Fe.
Celebrar esto hoy es reconocer un regalo. Es dar gracias. Es detenernos un momento para saborearlo y guardarlo en el corazón. Y seguir caminando, con alegría y confianza, sabiendo que Dios sigue haciendo nuevas todas las cosas.
La imagen es de BISEEISE en pixabay
Queridísima Marta:
¡Enhorabuena!! Diez años ya? Recuerdo perfectamente cuando empezaste.
Gracias por tu constancia, por tu fidelidad, por tu generosidad compartiendo tu fe y, sobre todo, por el enorme regalo de tu amistad enorme y eterna.
Sin duda, tenemos mucho que celebrar!
Un beso muy, muy grande y GRACIAS.
MPZ
Muchas gracias, Marta. Me uno a la celebración. Un abrazo.
Felicidades por estos diez añosde buenos consejos y buen elemplo,
Felicidades y a seguir muchos años más con tus publicaciones y consejos. Gracias
Queridísima Marta, muchas felicidades!!!!
Qué bonito cuando lo he leído, diez años ya, qué rápido pasa el tiempo!
Celebro el don de la perseverancia que te ha regalado Dios.
Cada jueves desde hace diez años, sin dejar ninguno atrás, nos regalas tus reflexiones elaboradas con fé, amor y mucha paz y cuánto aprendo al leerlas.
Felicidades, muchos besos y todo mi cariño, gracias Marta!
Muchas felicidades, Marta,por estos 10 años en los que has compartido tanto con nosotros y gracias por tu perseverancia, por dad luz a temas importantes del día cotidiano y ayudarnos a seguir el camino del Amor y la caridad
Qué felicidad poder leerte cada semana! Qué bendición! Que Dios Espíritu Santo te siga inspirando para ayudarnos a crecer en el Amor a Él y a nuestros hermanos.
Muchas felicidades