De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán»

Evangelio Mateo 28, 8 – 15

Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros». Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

La imagen es de Katrina en pixabay

Reflexiones relacionadas

Un final feliz

Si la pasión hubiera finalizado con Jesús clavado en la cruz, lo cierto es que habría terminado en un rotundo fracaso. Pero afortunadamente no fue así y el Padre lo resucitó.

La alegría que esta resurección supuso para los apóstoles tuvo que ser inmensa: porque con ella constataron que no se habían equivocado dejándolo todo para ir tras él y que seguir a Jesús había merecido – y mucho – la pena. Más adelante el Padre les enviaría el Espíritu Santo, que les daría la luz y la fuerza necesarias para dedicar el resto de sus vidas a extender el cristianismo por el mundo entero, dando con ello sentido a la vida de millones de personas, desde entonces hasta hoy

Jesús y la mujer

Jesús siempre tuvo una especial debilidad por las personas más vulnerables. De ahí, por ejemplo, su sermón del monte, en el que llama nada menos que bienaventurados a los pobres, a los mansos, a los que lloran o a los que tienen hambre y sed de justicia. Muchas personas vulnerables había en la sociedad de entonces; entre ellas, por supuesto, se encontraban las mujeres, por el rol tan secundario y tan dependiente de los hombres al que las tenía relegadas la sociedad.

Jesús vivió con un profundo respeto hacia ellas. Y en su vida lo cierto es que las mujeres jugaron un papel especialmente relevante

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