Os escribo hoy, después de muchísimos años sin mandaros nada, para compartir algunas peticiones con vosotros y con quienes quieran leer esta carta.

No empezaré, como hacía de niña, contándoos lo buena que he sido, porque mentiría y ya estaría empezando mal. La verdad es que no he sido muy allá. Voy ahí, al tran tran, con mis luchas interiores y algo estancadilla en la vida espiritual. Sigo bastante envuelta por los espejismos del mundo. También trabajo demasiado. Tanto, que dedico mucho menos tiempo del que me gustaría a lo que de verdad importa, cosa que, ciertamente, tiene delito, porque lo tengo en el radar. Pero unos días por unas cosas y otros por otras, lo cierto es que hay asuntos importantes que termino teniendo mucho más desatendidos de lo que me gustaría.

También es cierto que mi disposición sigue siendo muy buena, mi Fe sigue firme, mis ganas son las de una quinceañera y mi meta la sigo teniendo tan clara como hace años.

Se que estoy a tiempo de reconducirme y se que desde Arriba están deseando echarme una mano. A mí y a todos lo que quieren ser más del Cielo. Así que, con el cambio de año, empiezo con mis propósitos de mejorar. Como quien estrena una libreta nueva con la intención de mantenerla impecable desde su primera hasta su última página.

Este año que ahora empieza espero, de verdad, avanzar haciendo equipo con Dios. Organizarme menos, planificarme menos y escuchar más y mejor qué es lo que en realidad quieren de mí desde el Cielo. Mi primera petición para vosotros, queridos Reyes Magos, es que me echéis una mano con esto durante un tiempo… hasta que esa actitud de escucha se convierta en un hábito. Os lo pido también para quienes, como yo, andan durillos de oído para escuchar -o, más bien, sentir- al Espíritu.

También os pido, queridos Reyes Magos, una nueva mirada para todos los que, insensatos, pasamos el día corriendo detrás de la agenda sin dejar apenas espacio ni a Dios ni a los demás. No tiene ningún sentido. Con tantas obligaciones y tantas prisas, dejamos de tener presentes las necesidades de los demás y, además, dejamos de ver y valorar todas esas pequeñas grandes cosas que ocurren en nuestra vida cada día. Regaladnos una mirada más fina, más espiritual, más tranquila, más serena, más sensible, más empática, más comprensiva, más paciente, más generosa, más hacia afuera y más sabia.

Salud, trabajo y amor para todos, son peticiones obligadas. Y mucho más en este tiempo, en el que debido a esta pandemia mundial con la que ya nos hemos acostumbrado a vivir, tantas personas han perdido seres queridos, la salud o su medio de vida.

Por último, queridos Reyes Magos, os hago, una petición especial por las familias. Os pido, cómo no, que cuidéis de mi familia, a la que adoro, pero os pido, sobre todo, que cuidéis de la institución de la familia. Porque la familia es el entorno en el que aprendemos a amar, a cuidarnos, a entendernos, a perdonar. Es nuestra mejor escuela de vida. Y la verdad es que siento que es una institución que cada vez se apoya menos desde los gobiernos y se mina más desde la sociedad. Cuando lo cierto es que la familia es un pilar sin que esta sociedad nuestra se desmoronaría, como se derrumba un castillo de naipes con un soplido. Ayudadnos a valorarla. Ayudadnos a apuntalarla. Ayudadnos a cuidarla. Ayudadnos a apreciarla como el tesoro que es para pasar por esta vida.

Gracias por haber seguido la estrella que os llevó a adorar a Jesús y a ofrecerle vuestros presentes, años atrás. Y gracias por haber cuidado de nosotros en recuerdo de aquello, durante todo este tiempo, hasta hoy.

La imagen es de Angeleses en pixabay

2 comentarios

  1. Es una muy buena petición. Yo también quiero pedir por todo eso , hay que valorar más la tranquilidad de la familia y pensar en los demás más a menudo

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