Mañana viernes celebraremos Nochebuena y el sábado Navidad. Una fecha en el calendario única para hacer un parón y dar las gracias a Jesús por tanto.

Gracias por haber renunciado al Cielo y al Padre para venir a este mundo hecho hombre, nacido de mujer, tan pequeñito y tan vulnerable como nacimos cualquiera de nosotros.

Gracias por haber vivido una infancia, una adolescencia y una juventud de familia, de carpintería y de pueblo, no demasiado distintas en lo esencial de las que hemos vivido muchos de nosotros. Treinta años de vida sencilla, con las que nos demostraste lo que es vivir una vida ordinaria con un corazón extraordinario.

Gracias por dejar Nazaret y a los tuyos para salir a predicarnos tu mensaje por los caminos de Jericó, de Betania, o de Jerusalén. Sin tener la seguridad de un techo y una cena al acabar cada día.

Gracias por mostrarnos a ese Dios que es, sobre todo, Padre y al que hasta tu llegada a este mundo se había mirado tan solo con miedo y reverencia. ¡Menudo descubrimiento para todos nosotros! ¡Menudo pilar en el que apoyarnos para poder ir por la vida sintiéndonos cuidados y seguros de que todo tiene un porqué y un para qué!

Gracias por enseñarnos que es el amor lo único que importa. Lo único que debe servirnos de brújula. Lo único que dota a la vida de todo su sentido. Lo único que nos dará la verdadera felicidad. Lo único que nos acercará a una vida, ya eterna, después de ésta.

Gracias por llevar una vida coherente, en la que hiciste vida aquello que predicabas. Predicaste con autoridad una vida desde el amor y eso fue exactamente lo que viviste. Amabas cuando curabas enfermos, amabas cuando explicabas tu doctrina, amabas cuando echaste a latigazos a los mercaderes del templo para defender la casa del Padre y amabas cuando te enfrentabas a los fariseos a pecho descubierto para defender la verdad. Con tu vida nos demostraste que vivir desde el amor es posible para todos nosotros… a pesar de las muchas limitaciones y miserias que llevamos en el corazón.

Gracias por haber llevado esa coherencia hasta el final. Hasta dar incluso la vida por todos nosotros.

Gracias por haber cambiado la historia de la humanidad y, con ella, la suerte de los que vinimos detrás. ¡Qué distinta sería hoy la vida de muchos de nosotros si no hubieras pasado por este querido mundo nuestro, que anda tan estropeado!

Gracias por cómo nos sigues cuidando y guiando desde el Cielo. Por hacerte el encontradizo como hiciste con aquellos discípulos que iban camino a Emaús. Por buscarnos para que te sigamos. Por cuidar de esta querida Iglesia tuya y nuestra sin tirar la toalla. Por tu infinita paciencia con nuestros errores y nuestros desplantes.

Gracias por venir un año más a celebrar tu cumpleaños con todos nosotros. Y por invitarnos a renacer de nuevo junto a ti.

Gracias por tanto.

La imagen es de Il ragazzo en cathopic

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