La soledad es una situación o un sentimiento que nos acompaña muchas veces a lo largo de la vida. Cuando se nos presenta sin buscarla se nos hace difícil convivir con ella y nos cuesta también enfrentarla y superarla. Otras veces no es así, porque somos nosotros quienes decidimos salir a su encuentro, buscando espacios en los que encontrar la paz.

En ocasiones somos nosotros los que buscamos la soledad. Vivimos en un mundo en el que parece los acontecimientos se suceden a una velocidad de vértigo, nos llega continuamente información en paralelo a través de los muchos dispositivos que forman parte de nuestro día a día, corremos de una actividad a otra al ritmo que nos marcan unas agendas de locura y son muchas las ocasiones en las que nos sentimos rodeados de demasiado ruido. Tanto, que a veces es necesario buscar la soledad, parar, desconectar, sentarnos con Dios y mirarnos, también, al espejo.

En ocasiones es bueno aprovechar esos espacios para hacer balance. Para poder sacar después de nuestra vida lo que no debe estar, para poder dejar entrar aquello que sí que debería formar parte de ella, para volver a ordenar, si hace falta, nuestras prioridades y para asegurar que de verdad llevamos el timón de nuestra vida y que estamos navegando en la dirección correcta. Haga el resto del mundo lo que haga.

La soledad física se presenta en ocasiones sin que la deseemos. Y, lamentablemente, es de esperar que se vaya haciendo cada vez más fuerte en esta sociedad nuestra en la que se ha impuesto de una manera tan clara un individualismo, un consumismo y un egoísmo tan feroces, que nos van aislando y van dejando cada vez más en los márgenes las relaciones personales incondicionales; esas que son pilares en los que apoyarnos cuando las cosas van bien y también cuando van mal y que dan a nuestros días todo su sentido.

En otras ocasiones es la soledad emocional la que se nos presenta sin buscarla. Y podemos sentirla incluso cuando estamos rodeados de mucha gente. Esa soledad, además, suele venir acompañada de otros sentimientos como la incomprensión, la tristeza, la angustia o el miedo.

Jesús tuvo que sentirse solo e incomprendido muchas, muchas veces. Porque no terminaban de entender su mensaje ni las personas a las que predicaba, ni esos apóstoles suyos con los que convivía, que tantas veces demostraban seguir anclados a los valores del mundo.

Pero siempre tuvo cerca al Padre. Siempre lo buscó. Como siempre podremos tenerlo cerca también nosotros.

Las personas que nos quieren y Dios Padre son el mejor antídoto para combatir y superar esa soledad no deseada que en ocasiones se hace fuerte en nuestro corazón, nos impide que podamos dar lo mejor de nosotros mismos y nos hace difícil también poder ser esas manos que tanto necesita Dios en la tierra para cuidar de sus hijos.

1 comentario

  1. Jesus tuvo momento de soledad en tagot pero su soledad le ayudaba el padre que nosotros en momentos de soledad acudamos a el

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