Evangelio apc Equipo con Dios

Muchos de quienes tenemos claro que queremos ser cristianos tenemos la sensación de que avanzamos sumamente despacio y de que no terminamos realmente de despegar en eso del amor a los demás: no conseguimos amar – amar de verdad – más allá de nuestro círculo más íntimo. Y continuamente tropezamos, cometemos errores, nos fallan las fuerzas, nos seducen los espejismos del mundo y caemos en las mismas tentaciones.

Y nos ocurre porque, aún teniendo buena disposición y buena voluntad, no «hacemos equipo» con Dios. 

Cuando en un momento dado a Jesús le preguntan cuál es el mandamiento principal de la ley responde de manera sorprendente, indicando cuáles son el primero y el segundo. Y lo hace con unas conocidísimas palabras para muchos de nosotros:

Un doctor de la ley, preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». El le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se sostiene toda la Ley y los Profetas» (Evangelio Mateo 22, 35-40).

Responde Jesús con dos mandamientos en lugar de con uno porque ambos están tan íntimamente relacionados, que cada uno dota al otro de su sentido más pleno:

Uno de los dos sentidos es bastante intuitivo: la forma más certera y más directa que tenemos para demostrar a Dios que le queremos es cuidando de sus hijos.

El amor a Dios como se ejercita, como se concreta, como se hace efectivo, no es a través de cultos, sino amando a Sus hijos: estando pendientes de nuestros prójimos y cuidando de ellos. ¿Qué padre o madre de la tierra no entiende algo tan sencillo?

De ahí la famosa frase «misericordia quiero y no sacrificios« (Evangelio Mateo 9, 13).

El sentido inverso ya no es tan intuitivo:

Definitivamente, se puede amar a los hombres sin amar a Dios, sin saber de su existencia e incluso profesando otras religiones.

Esa disposición a vivir de cara a los demás es la que importa, y la que es válida a los ojos del Cielo: En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros (Evangelio Juan 13, 35).

Y, como no podía ser de otra manera, es tan sólo por el amor por lo que al final de nuestros días seremos juzgados.

Sin embargo, es cuando el amor a los hombres va unido al amor a Dios cuando alcanza su sentido más pleno:

Porque ya no somos nosotros, con nuestras muchísimas limitaciones, los que miramos por los demás tirando tan solo de nuestras ideas, nuestras capacidades, nuestro tiempo y nuestras fuerzas. Sino que vamos de la mano del Padre, sabiendo que más interés tiene Él que nosotros en que las cosas salgan bien. Y nos ocupamos de los demás sabiendo que desde el Cielo pondrán lo que a nosotros nos falte. ¡Menuda tranquilidad da el ir así por la vida! Es jugar en otra liga.

Porque vamos aprendiendo a mirar con la mirada de Dios y vamos siendo más sensibles al soplo de su Espíritu, que en ocasiones nos invita a avanzar por un camino y en ocasiones por su contrario. Es este el salto que no damos muchos de quienes queremos ser cristianos y que, aún conociendo la teoría, nos quedamos ahí, bastante a ras de suelo, sin llegar a «hacer equipo» con Dios Padre.

Porque cuando llegan los momentos malos, los momentos de debilidad, los momentos de dolor o los momentos de tentaciones – lo que antes o después siempre ocurre – nos sostiene, como a niños, la Fe. Y cuando esos momentos pasan, salimos más fuertes y con ganas renovadas de volver a ponernos en camino.

La imagen es de LRMoore en pixabay

1 comentario

  1. La caridad es la virtud sobrenatural por la q a amamos a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos, por amor a Dios. (Catecismo)

    El Amor siempre es don. Algunos, somos conscientes, y sabemos que sin Dios nada podemos. Otros, se creerán q «los buenos son ellos»… Por lo que sus gestos de amor quedarán empañados por la soberbia…

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